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Conversaciones en torno al juego: El juego y sus características

Afortunadamente cada vez es menos frecuente escuchar frases en tono despectivo del tipo “En esa escuela no aprenden nada, solo van a jugar”, y aunque en ocasiones aún nos siga tocando oír algún comentario al respecto, lo cierto es que esa manera de pensar empieza a caer por su propio peso rebatida por innumerables estudios científicos que avalan la importancia del juego en el desarrollo integral de los niños y niñas.

¿Pero qué es exactamente esto del juego?
Para saber un poco más, hemos hablado con Marta Gómez Gómez de Agüero, pedagoga, educadora social, psicomotricista terapéutica del nuevo centro de Mara-Mara Psikogune, situado en pleno centro de Sopela (Zabalbide, 6) y socia de Aupada Elkartea. De su mano indagaremos un poco más en este tema y durante las próximas entradas del blog iremos desengranando las características del juego, los diferentes tipos que existen, o cuál es la relación de los adultos con el juego.

Hola Marta, vamos a empezar por la pregunta clave. ¿Qué es el juego?
– Es una gran pregunta que a veces resulta más fácil contestar dándole la vuelta y explicando qué no es el juego, pero el juego, para que sea juego, y visto desde la perspectiva de la psicomotricidad, tiene que cumplir algunas características principales: Que sea en libertad, en placer, en relación con otro y que haya una transformación.

– Vale. Algunas características resultan evidentes, pero ¿Podrías explicárnoslas un poco más
detalladamente?

– Un juego en primer lugar tiene que producir placer. Hay un ejemplo de Miguel de Castro que creo que ejemplifica muy bien esta característica. Tu puedes estar cavando un hoyo en la playa y ser muy placentero y divertido, o puedes estar cavando un hoyo que resulta que se va a convertir en tu tumba. Con esto es fácil ver cómo la acción no es lo que hace el juego, sino el placer que esta te produzca.

– Entonces un juego deja de ser juego cuando no produce placer.
– Eso es, incluso como adultos podemos estar jugando por ejemplo al póker, pero si no lo juego en placer, si estamos apostando, si tenemos un problema de adicción, podemos estar jugando al póker, pero ya ha dejado de ser un juego. Me vienen a la cabeza también los futbolistas profesionales. Si ya cobras por jugar al futbol y participas en competiciones en las que se “juegan” otras cosas, el futbol deja de ser un juego. El placer es una característica sinequanone.

– Otra característica que has nombrado es que sea en libertad.

– Si, tiene q ser por iniciativa propia. Y aquí no hago referencia únicamente a que surja del niño, sino a que este lo desee. Para explicar esta característica en las formaciones solemos utilizar dos videos a modo de ejemplo. En uno de ellos hay un niño que le da a un botón y aparece un dinosaurio rugiendo. El niño se asusta y se esconde, pero vuelve otra vez. Le da al botón y el dinosaurio vuelve a gruñir y el niño a esconderse. Esta acción al niño le ha producido cierto displacer, pero lo ha superado, lo repite y ahí toma la iniciativa del placer. En el segundo video un adulto coloca un monstruo en la taza del wáter y cada vez que abres la tapa aparece ese monstruo enorme. En el video hay un niño que va al baño y al levantar la tapa le aparece el monstruo. ¡Pues es probable que ese niño no vuelva al baño en un tiempo! En esa acción no ha habido una iniciativa del niño, y tampoco estaba pensada como una propuesta de juego que pudiese gustarle.

-Estas características creo que son más fáciles de entender para todos, las siguientes, como la de que el juego tiene que transformar es más difusa. Si yo estoy igual antes de jugar que después de jugar, ¿realmente significa que no ha habido juego?
-Esta característica significa que algo cambia y en el juego siempre cambia algo por mínimo que sea, bien a nivel emocional, a nivel cognitivo, o a otros niveles, pero alguna
transformación tiene que producir. Por ejemplo, se me ocurre pensar en un juego en el que viene un niño muy enfadado a la sala o a la escuela. Si se le propone algún juego y no hay transformación emocional, ese juego no le está sirviendo como juego en sí, porque si sigue en el mismo estado de ánimo igual no es lo que necesita en ese momento, igual necesita estar en otro tipo de acción o inacción. Por eso no lo podemos denominar juego en el sentido estricto de la palabra.

– Entonces a veces nos puede parecer que un niño o una niña está jugando y no ser así.

– Eso es, y otras ocasiones podemos pensar que no está “haciendo nada” y tampoco ser así. Imagínate un niño que está tirando piedritas. Nosotros podemos no considerarlo como juego, y sin embargo, él se está transformando totalmente porque está dándose tiempo así mismo, está dejándose sentir, está conectando con lo que siente en las tripas, o en la cabeza, o en el pecho… está notando lo que le está pasando y se está dando una transformación emocional. Y esto está directamente relacionado con la última de las características que nos queda por definir, que es la de que el juego es transformación y se da en relación con otro.

– Esta también genera más confusión.

– Ya, porque al final ¿qué significa estar en relación?: ¿Qué tengo que estar todo el rato diciéndole al infante lo que tiene que hacer?, ¿Qué tiene que haber siempre la mirada de un
adulto?

– Pensaba que cuando hablabas de que se daba en relación te referías a jugar con otros.

– Si, también puede ser. Puede ser con otros niños, o con otro adulto, con un adulto que sostenga ese juego. A veces interpretamos que como el juego es libre el adulto puede estar
preparando la comida, tele trabajando, preparando alguna otra actividad…etc. Pero es importante que durante el juego haya una presencia que sostenga ese juego, una relación.
Puedo ver cómo estas saltando y puede haber una comunicación a través de la mirada o una envoltura por la palabra, una presencia real. Incluso cuando el juego se da en grupos de niños y podemos considerar que ya hay “otro”, la figura del adulto es importante porque sostiene, especialmente durante las primeras etapas de desarrollo y esta “presencia” se puede dar de muchas formas. En ocasiones puede que sea suficiente con que el adulto avise al niño que estará en la cocina pero que si necesita cualquier cosa está disponible para ayudarle. Igual con 2 años lo pueden sostener 10 minutos y con 6 años media hora. Pero si quiero destacar la importancia de la mirada del adulto.
-Lo entiendo, pero Marta entonces, ¿si se podría dar juego con un infante solo? Insisto un poco más en esta característica porque es cierto que en algunas formaciones que hemos dado a profesionales de Educación Infantil es la que más confusión y debate genera.
-Se puede dar el juego de un niño solo, pero no estando aislado, porque tiene que estar abierto al mundo. Por ejemplo, un niño puede estar dibujando solo, pero sobre todo los más
pequeños van a querer mostrar ese dibujo, porque ese dibujo tiene sentido cuando hay otro que le está haciendo de espejo, que le esté dando sentido a ese dibujo. Pues lo mismo con el juego, él puede estar dando saltos el solo, y efectivamente los da solo, pero el adulto puede estar dando sentido a ese juego que está haciendo.

– Es cierto que en ocasiones como acompañantes si percibes que te quieren mostrar su juego, su logro, que quieren que verbalices y que des sentido a una construcción, a una acción determinada… ¿pero y con el simbólico? Hay niños y niñas que se imbuyen en el juego, por ejemplo de cocinitas, y no percibimos que requieran de la mirada adulta en ese momento.
-Sí, hay veces que cuando un niño está en un espacio seguro, jugando, incluso con su propio soliloquio no necesite tanta presencia, pero es importante que el adulto que ha estado viendo como ese niño ha estado jugando solo, recoja ese juego y le haga una devolución, si no ese niño ha podido elaborar lo que estuviese elaborando, pero es importante el espejo, porque un niño no crece solo. No hay maduración con un niño en soledad. Ahí es donde voy. Un niño solo no está en construcción. Eso no significa que tenga que estar en continua relación con niños o adultos, pero para que el niño pueda entender lo que ha hecho, tiene que haber otro que le devuelva.
Imagínate situaciones que se dieron de manera habitual durante la pandemia. Casos en los que una niña de 5 años podía estar jugando sola durante dos horas sin presencia adulta, y yo no digo que no se lo haya pasado bien, que no haya tenido iniciativa, que no haya habido transformación, pero ¿Qué sentido le ha dado?. No significa que el adulto tenga que conocer todos los detalles, sobre todo en los casos en los que estamos con un grupo de niños y niñas. Pero tenemos mirada periférica, “este está aquí jugando a cocinitas, ella ha ido a saltar”, cada uno está haciendo su juego, y yo puedo estar con este grupo leyendo un cuento, pero se que el otro niño se ha sentido mirado por el adulto porque hay una mirada periférica y después puede haber una devolución: He visto que estabas escalando aquí. ¿Has subido aquí arriba?
Esto es muy diferente a estar centrados únicamente en el juego de un niño en concreto y perderse absolutamente todo lo que ocurre alrededor. Y cuando no hay un adulto que sean
otros niños los que le estén haciendo de espejo. En esos casos quizá no le esté dando el sentido de un adulto pero le está dando el sentido de otro par.

– Muchas gracias Marta.


Y hasta aquí la entrada de hoy. Esperemos que os haya ayudado a entender un poco mejor qué es esto del juego y para los que os hayáis quedado con ganas de más, os compartimos estas referencias bibliográficas en las que encontrareis mucha más información para poder profundizar en los conceptos sobre los que hemos hablado hoy.
¡Nos leemos por aquí!

La intervención psicomotriz
ROTA IGLESIAS, JOSEP
Ed. Octaedro Recursos

7 Casos de terapia Psicomotriz

Jon Arana Albeniz

Ed- Octaedro Recursos

Goizalde de Eguskiza

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