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Conversaciones en torno al juego: ¿Y qué pasa con los adultos?

¡Hola de nuevo a todos y todas!

Volvemos con una nueva entrega de Conversaciones en torno al juego. Durante la entrada de hoy podremos indagar un poco más en el papel de los adultos en el juego, bien en su faceta de acompañantes, pero también desde un punto de vista meramente lúdico. Para ello volvemos a apoyarnos en la experiencia de la pedagoga y psicomotricista terapéutica del nuevo centro de Mara-Mara Psikogune, situado en pleno centro de Sopela (Zabalbide, 6) Marta Gómez Gómez de Agüero para de su mano seguir adentrándonos en este mundo tan fascinante como es el juego (Todos los adultos jugamos).

– Hola Marta, anteriormente hemos podido desgranar la importancia del juego en la infancia, hemos hablado de las características que debe tener el juego y de los diferentes tipos que existen en base al grado de simbolización, pero hoy nos gustaría indagar un poco más en la relación de los adultos con el juego y queríamos empezar con una pregunta bien sencilla: ¿Jugamos los adultos?

– ¡Claro que sí! Todos los adultos jugamos, cada uno a su manera. Incluso los más serios se van a un parque de atracciones, se suben en una montaña rusa y juegan. Juegan la angustia de caerse, la angustia de romperse… Jugamos a transformar nuestras emociones y para ello nos ponemos al límite de muchas maneras: haciendo deporte, bailando, viendo películas o a través del arte en todas sus expresiones. La verdad es que jugamos a nuestros miedos durante toda la vida.

– ¿Y cuáles son esos miedos?

– Principalmente son los dos miedos básicos con los que nacemos que serían el miedo a la muerte, a romperme y hacerme daño, y el miedo a no ser querido por otras personas. Al final estamos continuamente jugando para asegurarnos de que seguimos vivos, de que somos queridos y los juegos y el arte en la edad adulta siguen teniendo como base trabajar estos miedos arcaicos, todo tiene un trasfondo emocional. Cabe la posibilidad de que nos encontremos con adultos más atónitos o depresivos que no puedan conectar con ello, pero en realidad los adultos encontramos vías para seguir elaborando estos dos miedos básicos a través del juego.

-¿Y respecto a nuestro papel a la hora de acompañar el juego? Ya hemos visto en entregas anteriores que no hay una formula maestra que nos indique qué hacer en cada momento, pero destacaste la importancia de la presencia y el sostén del adulto.

– Eso es, en ocasiones nuestra manera de acompañar requerirá una devolución, en otras será sostener, puede que con la palabra, solo con la mirada o simplemente con nuestra presencia…La verdad es que la función del adulto puede ser muy diferente y variar según el contexto, el grupo u otros factores.

– ¿Y podemos acompañar a través de propuestas?

-También. Hay niños muy bloqueados que pueden necesitar otro tipo de acompañamiento. Podemos hacerlo a través de frases tan sencillas como ¿necesitas ayuda? ¿Quieres que te acompañe a este sitio? o este espacio es nuevo para ti, aquí puedes hacer esto, esto y esto. Puede haber más o menos propuestas, depende de la edad y de muchas otras circunstancias, pero sobre todo la capacidad principal que tienen que tener las personas que acompañan el juego de los niños y las niñas es la de la escucha, la escucha empática.

– ¿Y qué tal se nos está dando esta parte a los adultos?

– Pues la verdad es que muchas veces se nos llena la boca con la escucha empática, pero muchos adultos tenemos que seguir trabajándola porque si no escuchamos nuestras propias emociones, y no hacemos un trabajo personal no vamos a acompañar adecuadamente a la infancia. Al final los niños nos tocan, nos hacen de espejo, e incluso a los terapeutas que hemos podido trabajarnos a nivel personal a través de diferentes terapias, los niños nos siguen tocando nuestras heridas. Pues imagínate un adulto que no se haya trabajado un mínimo.

Sí que me gustaría hacer hincapié en esto porque creo que es muy importante para aquellos que acompañamos las primeras etapas y siento que no se le da importancia. Con tan solo una formación de 2 años ya puedes ser acompañante y aunque hay sitios en los que tanto los profesionales que la imparten como la metodología son excelentes, siento que no es suficiente. Hay que seguir trabajando y como he dicho trabajando también a nivel personal, revisando nuestros propios procesos.

-Es cierto que mucha gente estarían de acuerdo contigo en que no se le da la importancia que tiene a la educación temprana y que aún hay mucho que reivindicar en la etapa de 0 a 6 años.

-Y tampoco se invierte a nivel económico y laboral. Se paga muchísimo más a los profesores y las profesoras universitarios que a los de educación infantil, mientras que en otros países es a la inversa, porque se sabe lo que nos estamos jugando en esa etapa. Ojalá se le empiece a dar la importancia que tiene y trabajemos más desde la prevención.

– Muchas gracias Marta. Con esta reivindicación de la necesidad del trabajo personal, de la relevancia de la atención temprana y del trabajo desde la prevención nos despedimos por no sin invitaros antes a leernos en la próxima y ultima entrada de esta serie de conversaciones en torno al juego. En ella reflexionaremos acerca de las diferencias principales entre la Psicomotricidad educativa y la terapéutica.

¡Un saludo y no olvides dejarnos tu comentario!

Goizalde de Eguskiza

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