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Los límites en los adultos

Lo que los niños necesitan de nosotros

Hola familias,

En esta ocasión la propuesta que os traemos está dirigida a los adultos de la familia. Para ello os compartimos un extracto del libro de Rebeca Wild “Libertad y límites, Amor y respeto” (Wild, 2006),  en el que la autora nos invita a la autoobservación y la toma de conciencia acerca de las diferentes formas de estar presentes cuando acompañamos a nuestros hijos e hijas. ¿Os animáis?

Pongamos que un niño mira alrededor de la mesa y parece querer un trozo de pan. ¿Le ponemos enseguida una rebanada en su plato o esperamos antes de dárselo, y nos atrevemos a preguntarnos: “¿Cuáles son realmente mis motivos? ¿Miedo a que se muera de hambre? ¿O quiero mostrarle que le quiero? ¿O prefiero recuperar la tranquilidad cuanto antes? ¿O quiero que sienta que depende de mí?” Independientemente de lo que salga a la luz, el ínfimo momento de detenernos está creando ya una nueva dinámica y da al niño y al adulto distintas posibilidades de comunicación. Quizás el niño quiere probar por sí mismo si sus brazos llegan hasta el pan. O quizás le gustaría que se le acercara un poco la cesta del pan para que el mismo pudiera elegir su rebanada.

Estas escenas se producen con suficiente frecuencia durante el transcurso del día, y nos permitirán practicar el detenernos y ponernos límites a nosotros mismos hasta que con el tiempo se forme un nuevo patrón. Para ello se ofrecen numerosas oportunidades, pues la capacidad para proyectar y planificar con antelación está en los adultos mucho más desarrollada que en los niños, que viven en una especie de intemporalidad mucho más intensa cuanto más pequeños son, por lo que su capacidad para prever y valorar es menor que la nuestra. La mayor tentación es anticiparnos a sus propias percepciones, arrebatarles por adelantado sus decisiones y reflexiones, aunque sea con la mejor intención de ahorrarles esfuerzo y frustración. Esta tendencia nos proporciona numerosas oportunidades de poner freno a nuestro brío. Para ello, la mejor ayuda para mi es siempre imaginarme el proceso de desarrollo neurológico en el cual, despacio y con cautela, pero con seguridad, las percepciones, los juicios y las decisiones tienen que ser enlazadas antes de que se produzca un acto propio. Y para que se dé ese proceso desde dentro, debe haber el menor acoso posible desde fuera.

 

 

Rara vez los adultos toman conciencia de las maneras tan diversas en las que se produce ese intervenir con antelación, por ejemplo cuando de forma casi automática le ponemos un jersey al niño aunque esté intentando ponérselo el mismo, o le ponemos en la mano un objeto hacia el que está comenzando a estirarse. Nos estamos anticipando a su desarrollo cuando le estamos poniendo de pie, le estamos subiendo a una escalera o a un columpio, y de esta forma le estamos quitando no solo la posibilidad de iniciativa y de decisión de superar obstáculos, sino también la alegría de descubrir sus propias posibilidades.

El intervenir precipitadamente con palabras es una práctica todavía más frecuente en el adulto: “Mira aquí”, “Mira allá”, “Escúchame”, “Ten cuidado”, “Piensa un poco”, “Seguro que puedes entenderlo”. Una larga letanía con la que se dirigen los sentidos y la interpretación de los niños antes de que lleguen a orientarse bien en una situación y puedan relacionarla con sus necesidades interiores. Pero no solo se anticipan los actos y las palabras, también la mímica, el tono de voz y toda nuestra actitud, incluido el estado de ánimo que irradiamos a nuestro alrededor y con el que consciente o inconscientemente influimos en otras personas. Por tanto, si pensamos en serio en no actuar de modo directivo con nuestro prójimo,  es inevitable que nos sigamos sorprendiendo, y que una y otra vez,  tengamos que intentar la próxima vez estar presentes de otra forma. Podemos medir nuestro progreso cuando nos detenemos con mayor frecuencia en medio de un movimiento o de una observación, quizás retrocediendo una mano o tragándonos alguna palabra. Los niños también se darán cuenta de que nos estamos poniendo límites a nosotros mismos y nos lo agradecerán de diferentes maneras.

Wild, R. (2006). Libertad y Límites Amor y Respeto, . Barcelona: Herder.

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